Varios siglos de correo y uno de filatelia (parte 5/5)

Desde las primeras fechas y hasta que los adoptaron en casi todos los países, han sido 70.000 los sellos que han aparecido.

En el período de 1840 al 50 se lograron reunir 700 sellos; modernamente los promedios de producción no han rebasado la cifra de unos 1.750 sellos cada año (1938-43), y en los periodos anteriores a éste la producción se sostenía a la misma altura. La de 1920 batió los récords.

El año en que se emitieron menos sellos fue el primero del siglo, a pesar de que ingresaron en nuestro mundillo dos nuevos Estados: Cantón y Papua.En tiempos de paz y de guerra los países desean tener personalidad propia, y en el transcurso de este siglo filatélico, durante 88 años, se han visto aparecer o desaparecer los sellos de infinidad de Estados creados y que pronto se adaptaban al Correo; y es curioso mencionar que al cumplirse tan señalado centenario no surgiera ningún nuevo país filatélico. Tuvo en cambio sus “aproximados”. En 1939 Eslovaquia, y en 1941 Croacia, región de la Lubiana, y las islas normandas del Canal de la Mancha: Jersey y Guernesey, pertenecientes a la Inglaterra y ocupadas por las tropas alemanas.

El coleccionismo ha motivado exposiciones y congresos filatélicos, celebrados con regularidad en todos los países del Mundo. Estas manifestaciones son dignas de visitarse; tanto en las celebradas en España como en el extranjero llama siempre la atención a profanos e inteligentes, el interés que demuestran los congresistas en poseer un pequeño recuerdo filatélico del certamen. Es costumbre en las de gran rango que el Estado lo emita.

Hemos visto que el público se afana en su adquisición; para los aficionados quedará guardado en su álbum, y el público no coleccionista lo guarda entre sus curiosidades. Alguna vez recordará con satisfacción aquella visita y al hallarlo, y en recuerdo de la misma, quizá empiece su colección.

No consignaremos la importancia que tienen estas exhibiciones, ni diremos que las celebradas en Nueva York, Londres, París, Berlín o Viena son las mejores. También las hemos tenido nosotros, y todas las veces que las exposiciones nacionales han abierto sus puertas se han visto coronadas por el más rotundo éxito, por el material reunido y el número de visitantes.

Aparte del bello recuerdo que han dejado en la memoria de todos los filatélicos que llevaron sus pequeñas o grandes joyas al certamen, o por los curiosos, ávidos de contemplarlas, es agradablemente recordada la concurrencia de las fábricas de Moneda y Timbre, en las nacionales o internacionales, ya que ellas no regatean nunca su colaboración. Da tristeza ver, a través de los cristales, las matrices y cuños que sirvieron para emitir los sellos, convertidos ahora en piezas de museo. ¡Cuántas quimeras han producido estos objetos, y qué íntima satisfacción la de embelesarse delante de la “madre” que ha entregado “hijos” para proporcionar horas de solaz a toda la Humanidad!

Artículo extraído del libro “Por el mundo de los sellos” de Josep Majó Tocabens.

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