Consideraciones sobre el timbre español (parte 3/3)

En el aspecto de fabricación del papel timbrado, puede estudiarse el creciente desarrollo de las Artes Gráficas desde los primeros documentos estampados en tipografía y utilizando métodos rudimentarios, que se manifiestan en la irregularidad de la impresión. Al perfeccionarse la imprenta van apareciendo timbres de mejor calidad y con mayores garantías, hasta llegar a la técnica de impresión en litografía que se utiliza después del año 1940 y que permite la tirada en máquinas de gran producción, que son necesarias para abastecer el consumo actual. Durante los años de 1956 hasta 1962 se empleó también el procedimiento de calcografía en las orlas y contraseñas del papel timbrado de clases superiores, aunque en ellos el timbre se estampaba, como actualmente, según la técnica litográfica.

Aspectos de gran interés en el papel timbrado son los del sello en seco y la estampación en color. El primer sello en seco aparece en el papel timbrado del año 1819 con la efigie de Fernando VII y en 1827 aparece el Escudo Nacional, también en seco, cuyos sucesivos grabados presentan extraordinario interés para el estudio de los historiadores. En cuanto a las tintas empleadas, se utiliza exclusivamente la estampación en negro desde 1637 hasta 1854, en que se emplea por primera vez la impresión en color, hasta la actualidad en que los timbres se estampan en colores diferentes para cada una de las clases, utilizando tintas de gran resistencia a los agentes exteriores, para obtener la máxima garantía en la fabricación, y su permanencia.

En los papeles empleados en estos documentos se empieza por utilizar los fabricados a mano a base de fibra de algodón y procedentes de desperdicios de trapos, en cuyo soporte se puede apreciar el método de fabricación por el verjurado que presenta al tasluz. Se introduce la fabricación en máquinas contínuas en el siglo XIX y, en pasos sucesivos de perfeccionamiento, se llega a la producción actual en máquinas planas con las que se obtiene un gran rendimiento, por el notable aumento de velocidad y ancho de fabricación. En la actualidad el papel de las clases de mayor valor se fabrica en máquinas redondas que tienen la posibilidad de producir el soporte con marcas de agua sombreadas de gran calidad, que aumentan extraordinariamente la garantía y belleza del documento, como puede observarse en los efectos hoy en circulación, con la efigie de los Reyes Católicos.

Desde 1637 hasta principios del presente siglo figuraba en los timbres el año de su utilización. Para ser utilizados los sobrantes en el año siguiente se estampaba una diligencia de habilitación con mención expresa del año. Este procedimiento originaba graves trastornos en los desfases de fabricación y consumo. Quizá fuera ésta la causa de que en el año 1871 la Fábrica Nacional de Moneda introdujera la numeración de los efectos por clases, que permite conocer las fechas de fabricación y distribución de cada efecto, extremo de gran interés cuando se trata de investigar la autenticidad de algunos documentos.

Esta somera exposición de lo que ha constituido el medio para el percibo del “Impuesto del papel sellado”, más tarde el Impuesto del Timbre, nos lleva a valorar su importancia dentro de estos factores en que tan de cerca tocan a su elaboración y garantía. A través de estos documentos puede determinarse, como se acaba de ver, no solamente enseñanzas de tipo histórico y tributario de nuestro país, sino también de carácter artístico y técnico laboral.

Estos estudios son los que don Ángel Allende, con su obra, permitirá realizar a todo aquel, coleccionista o no, que intente adentrarse en la investigación de los aspectos que acabamos de considerar, evitando tal vez la destrucción de muchos de estos documentos, que pasarán al coleccionismo impidiendo la pérdida de estos verdaderos testimonios históricos.

Artículo extraído del libro “Timbres españoles – Catálogo 1969” de Ángel Allende.

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