Consideraciones sobre el timbre español (parte 2/3)

Tras diversos tanteos, en el año 1851 se implanta el sello móvil de reintegro y en el año 1881 se admite la forma de pago en metálico. El sello adhesivo quiebra el rígido concepto primitivo del “Impuesto del Papel sellado” ligado estrechamente al nacimiento del documento mismo y a su eficacia normal. Sin embargo, permite una mayor elasticidad del impuesto facilitando así su extensión a otros conceptos antes no gravados y que tienen por base conceptos distintos al estrictamente documentario.

La Ley de 31 de diciembre de 1881 establece en su artículo 1º que a partir del 1º de enero siguiente empezaría a regir el Impuesto del Timbre en sustitución de la renta actual del Papel sellado y en el cual se incorporará el Impuesto de Timbre de guerra.

El Impuesto del Timbre ha permanecido con personalidad propia hasta la Ley de Reforma Tributaria el 11 de junio de 1964, en que ha desaparecido como tal, habiendo sido absorbido en otros impuestos.

Se observa, por lo tanto, que el tributo aparece como un impuesto sobre documentos exclusivamente y en su evolución el legislador aprovechó las grandes facilidades que le ofrecía, desde el punto de vista recaudatorio, para aplicarlo a conceptos diversos y dispares que constituyeron el llamado “Timbre del Estado”.

En la Pragmática de 1636 se utilizó como fundamento la garantía que el Estado prestaba a los documentos mediante el uso del sello; y si éste era el fundamento único, tendríamos que reconocer que lo perdió cuando se acudió a la forma del empleo del timbre móvil o al pago en metálico, constituyéndose en un impuesto que tiende a gravar todas las formas que un acto o negocio jurídico o económico pueda revestir, prescindiendo de sus formas externas.

A través de colecciones de papel sellado se recogen muestras vivas de una gran parte de la Hacienda de España, de sus vicisitudes políticas, de las evoluciones económicas y financieras y del sistema monetario, e incluso del desarrollo de las técnicas de estampación.

A partir del año 1702 se imprime el papel sellado con el nombre del monarca reinante, resaltando especialmente algunos acontecimientos excepcionales de nuestra Historia. Así, durante la Guerra de la Independencia de 1808, se emplean timbres napoleónicos en las regiones dominadas por los franceses, mientras que las Juntas Supremas que se constituyen en Cataluña, Galicia, Valencia y León para luchar contra Napoleón imprimen su propio papel sellado. También durante la guerra carlista y en los años de 1836 al 1840, don Carlos imprime papel sellado con sus armas en las regiones donde se le reconoce como rey.

Con motivo de nuestra Guerra de Liberación se utiliza el papel timbrado con el sello de República Española, habilitado con un nuevo sello en seco del Escudo Nacional y la leyenda “Estado Español”.

En el papel sellado se puede seguir la evolución de nuestro sistema monetario, ya que en 1637 se utiliza el maravedí y durante el reinado de Fernando VII se introduce el real de vellón. En el reinado de Isabel II se emplea desde 1866 el escudo y se llega finalmente al sistema monetario actual de nuestra peseta en el año 1871.

Artículo extraído del libro “Timbres españoles – Catálogo 1969” de Ángel Allende.

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